AMORÓS AUTOESCUELA VILA-REAL

auto-escuela "villarreal"

LA PRIMERA AUTOESCUELA DE LA PROVINCIA DE CASTELLÓN FUNDADA POR VICENTE AMORÓS

Corría el año 1958, cuando Vicente Amorós fundaba en Vila-real la primera autoescuela oficial de la provincia de Castellón. Tras leer en una revista, un artículo sobre este tema, preguntó a la delegación de industria si podía emprender esta iniciativa.

La actual Autoescuela Amorós, heredera de esta pionera, y gestionada hoy en día por la tercera generación Amorós, mantiene la esencia de innovación de la primera, continuando así la tradición durante más de 60 años, primero con su hijo y actualmente con sus nietos, quienes llevan ahora las riendas del negocio.

«Me fui a Barcelona sin dinero y vine con el primer coche»

Cuando consiguió tener todo en regla, se marchó a Barcelona para comprar el primer vehículo, pero fue una hermana suya, que vivía en esta ciudad, quien tuvo que prestarle el dinero. 

Tras cinco días en la ciudad Condal, regresó a Vila-real con un Citröen Rosali, que le costó 55.000 pesetas. Un viaje no falto de anécdotas, pues llegando a Benicàssim, el coche se quedó sin gasolina.

Una auténtica odisea, pero que bien valía la pena, pues estaba creando un nuevo tipo de empresa, que hasta la fecha era completamente desconocida en la provincia.

La autoescuela que creó Vicente Amorós fue la primera que contaba con una ubicación fija. A partir de este momento, comenzó a ser conocida en toda la provincia.

Existía una autoescuela provincial -número uno-, pero sin lugar específico, así la Autoescuela Villarreal, nombre que tenía hasta principios de los 90, fue la primera con un domicilio permanente y por eso era conocida como la número dos. Además cuando comenzaron a surgir el resto de autoescuelas, la provincial desapareció.

Mi vida laboral la comencé en una gestoría. Yo era contable mercantil y fue precisamente en la gestoría donde vi la revista que explicaba el tema de las autoescuelas.

La importancia que tuvo la autoescuela fue tanta que todos los que querían montar una iban a las dependencias de Vicente Amorós para ver cómo funcionaba.

Con la autoescuela totalmente creada venía el difícil comienzo, ya que para la sociedad de aquella época era muy novedoso. 

En un inicio, Vicente hacía, sobre todo, carnets de motocicleta, pero la evolución en el mundo del automóvil propició que a principios de los años 60 se incrementara el número de carnets de coche.

Fue el boom del 600. Yo también cambié y compré un 600 para la autoescuela.

Los primeros años fueron los más importantes para el sector de las autoescuelas. Vicente se desplazaba por las poblaciones de los alrededores para dar las oportunas clases, ampliando así su alcance geográfico.

Tras la jubilación de Vicente, la empresa no dejó de pertenecer a la familia, y fue su hijo Jaime, que desde muy pequeño había seguido con su padre, quien se encargó de la autoescuela.

Cuando Jaime tenía seis años ya sabía todas las señales de tráfico y cuando a alguno de los alumnos le costaba aprendérselas cogía a mi hijo y se las preguntaba. Él las acertaba todas y entonces yo les decía a los alumnos: veis como no es tan difícil.

El cambio de propietario en la autoescuela, provocó también el cambio de nombre y el de número. Así pasó de llamarse Autoescuela Villarreal a llamarse como actualmente se le conoce: Autoescuela Amorós. Por entonces, ya todo el mundo la conocía con el nombre de su propietario.

Coger el relevo de Vicente Amorós significó mucho para Jaime, ya que reconoce que la labor realizada por su padre fue fundamental. Jaime ya trabajaba como profesor en la autoescuela, antes de tomar él las riendas, y por esta razón conoce a la perfección el estado del negocio y las dificultades de los inicios.

Poner en marcha una empresa siempre cuesta mucho, y más cuando es un sector totalmente desconocido en la provincia.

Hoy en día, los hermanos Samuel y Jordi Amorós, hijos de Jaime y nietos del fundador Vicente Amorós mantienen viva la llama que en su día prendió su abuelo, con el mismo espíritu innovador y aventurero de entonces, pero adaptado a los tiempos modernos.

Siempre a la vanguardia de la última tecnología en el mercado, con vehículos que facilitan el aprendizaje de sus alumnos, y perdurando en el tiempo la voluntad de enseñar y educar en materia de circulación, profesionalizando cada día un sector que han vivido muy de cerca desde siempre.

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